Barcelona y el Maratón

Rafael Nogueras

Como si de dos amantes se tratara, Barcelona y el Maratón han tenido tradicionalmente una relación de amor y de celos, con sus muestras de afecto, de entusiasmo y, ¿por qué no?, de indiferencia o de riña. La situación física de un territorio que marca sus lindes entre el mar y la montaña, tenida como un lugar de paso terrestre, de desarrollo comercial e industrial, con un puerto de entrada y salida de pueblos, mercancías y culturas no había pensado en el Maratón hasta que éste llamó a su puerta.
El primer compromiso con la prueba de los 42'195 tuvo lugar en Barcelona a principios de los años 30. Entonces la ciudad se preparaba para la organización de unos juegos olímpicos que debían celebrarse en 1936. Para ello contaba con el estadio construido en el marco de la Exposición Universal de 1929. Los ciudadanos se aprestaban a animar a los atletas, cuando, finalmente, la organización de los juegos fue concedida al totalitarismo nazi. Tan pronto, se hubieron superado los enfrentamientos entre pueblos dentro y fuera del país, Barcelona renació para el deporte y en 1955 organizó los II Juegos del Mediterráneo. En aquella ocasión el público contenido tradicionalmente en los estadios, salió a la calle para acompañar a aquellos corredores que se enfrentaban con el Maratón en Barcelona. Sin embargo, no sería hasta 1980 que la mítica carrera volvería a la ciudad en una competición popular abierta a todo el mundo. En los dos años anteriores, un grupo de atletas ya había protagonizado con éxito de participación y marcas un maratón por las carreteras del Baix Empordà. El siguiente reto era llevar la carrera a los barrios y a las avenidas donde cotidianamente vivía y trabajaba la población de Barcelona. Desde entonces el Maratón se ha venido corriendo cada año en Barcelona de una forma continuada. Su celebración, el segundo domingo de marzo, es una cita fundamental en el calendario de la ciudad. En esta ocasión, como si fuera una fuerza extraña, las principales avenidas se transforman, y allí donde hacia pocas horas lo inundaban todo los coches, surgen las largas filas de corredores que se apoderan del espacio urbano. A su paso, la serpiente humana del Maratón invade barrios y avenidas y descubre al corredor nuevos rincones por donde nunca había corrido. La playa donde se acabaron los lances de caballerías de Don Quijote tras ser derrotado en un duelo; el casco antiguo, donde Picasso asistía a clases de pintura; las Ramblas, en cuyas terrazas tomaron café y pasearon escritores como Stendhal o Hemingway, se convierten en lugar de paso por los corredores. No obstante, el maratón a veces marca sus preferencias y discute el itinerario a la ciudad. Desde 1990, la carrera sale de la ciudad vecina de Mataró y discurre junto al mar para alcanzar Barcelona a mitad del recorrido. Este mismo itinerario fue seguido en 1992 en el maratón olímpico, que fue ganado por el corredor de surcoreano Young-Cho Hwang con un tiempo de 2:13:23 y la rusa Valentina Yegorova con 2:32:41. Durante los seis años, que van desde 1990 a 1996, la carrera acabó en el Estadio Olímpico. Actualmente, se ha suprimido aquella llegada por considerar que su situación, en la cima de la montaña de Montjuïc, era duro para el corredor. Otro punto fundamental de aquella reunión atlética que fueron los Juegos Olímpicos de 1992, es la Villa Olímpica, lugar de residencia de los miles de deportistas que se dieron cita en ellos. Aquel barrio nuevo, convertido hoy en centro de residencia y de recreo, junto a la playa y al Puerto Olímpico, se conserva como lugar de paso obligado del Maratón.
Así pues, quienes marcan el recorrido y el espíritu del Maratón son los miles de atletas que cada año visitan Barcelona para recorrerla corriendo. Y la antigua ciudad mediterránea, acostumbrada a vivir mil tipos de aventuras, participa con ellos de este juego de gloria y desafío que es el Maratón.



Rafael Nogueras

És un històric de la marató catalana, va ser pioner a la marató Catalunya i va anar com integrant del primer equip de Catalunya a la marató de Nova York amb en Ramon Oliu cap els anyS 80. Ha corregut moltes vegades entre 2:20 i 2:25 en epoques dures i difícils. Curiosament es va fer "famós" l'any que va guanyar la cursa de la Merçè. Avui té prop de 50 anys, està retirat de les curses, encara que entrena regularment. Escriu a la revista 42.195 i colabora en "El periódico".

Marató de Catalunya-2000


Atletisme Català