Aclaraciones previas sobre la Psicología del Deporte
 

Muchos deportistas tienen miedo al psicólogo porque piensan que si lo necesitan es porque están locos o enfermos. Esto es un error. Los psicólogos deportivos son educadores, no clínicos. El trabajo del psicólogo deportivo no consiste en solucionar problemas personales de los atletas, ni tampoco en tratar a atletas con problemas mentales, sino que el objetivo es dotar o potenciar en el atleta una serie de cualidades o habilidades psicológicas para competir con mejores prestaciones. El trabajo del psicólogo deportivo es muy parecido al del entrenador, pero éste, en lugar de entrenar el aspecto físico, técnico o táctico, entrena el psicológico.

Muchos atletas y entrenadores piensan que el entrenamiento psicológico debería de producir resultados milagrosos, mágicos y, casi instantáneos. Los atletas saben bien que para desarrollar sus habilidades físicas han de pasar años entrenándose. El entrenamiento psicológico necesita el mismo tipo de dedicación y de tiempo. Para que un atleta domine realmente su mente, debe dedicar años de desarrollo de estas habilidades.

Se cree que la próxima frontera del deporte no será el desarrollo de nuevos métodos de entrenamiento físico sino el desarrollo de estas habilidades psicológicas hasta el punto de que los atleta podrán dominar sus cuerpos para conseguir un nivel superior de ejecución.

El Dr.Rainer Martens, prestigioso psicólogo deportivo de la Universidad de Illinois, propone una serie de ejemplos de como aplicar el entrenamiento psicológico en deportistas de su país. Según él, muchos atletas están muy bien dotados físicamente, pero no rinden adecuadamente en sus especialidades deportivas porque no han desarrollado el aspecto psicológico necesario para ser líderes de élite. Muchos atletas pasan 30 o 40 horas semanales entrenando. Cuando se les pregunta: Cuánto tiempo pasan preparándose psicológicamente para la competición suelen contestar que no saben que significa eso del entrenamiento psicológico, y como mucho indican que se relajan antes de competir. Entonces, cuando se les pregunta la importancia que le conceden al aspecto psicológico de la competición, normalmente contestan que puede representar del 50 al 90% de ésta. Y en los atletas que compiten a un nivel de élite, muy a menudo, contestan que el aspecto psicológico es lo más importante para el resultado final de la competición. Y sin duda es irónico que haciendo 20, 30, 40 horas semanales de entrenamiento físico no dediquen nada de tiempo al entrenamiento psicológico.

Actualmente, disponemos de estrategias de entrenamiento psicológico para progresar y batir nuevos récords en el deporte. Uno de los problemas más graves en los atletas de hoy es que algunos están demasiado entrenados físicamente y si no ganan creen que se han de entrenar más, y por tanto, están forzando demasiado sus cuerpos, rompiéndolos; y no llegan a reconocer que lo que necesitan, en realidad, es entrenamiento psicológico para tener un buen rendimiento.

Podríamos decir algo de un atleta que se llama Rick McKeney. Él fue campeón mundial de tiro con arco. Hace unos años quedaba cuarto o quinto en los mundiales y no llegaba a ser campeón. Decidió que debía entrenarse más intensamente. Pasaba tres horas diarias practicando tiro con arco; se dio cuenta que no llegaría a ser campeón mundial y aumentó el entrenamiento a 4 horas diarias. Después pasó a cinco y, al final, seis horas de práctica diaria. Fue a la competición y aún quedaba cuarto, aumentó las horas de entrenamiento a ocho y a diez. -Nos podemos imaginar lo que representa practicar tiro ocho horas-. Finalmente perdió todo el interés por el deporte. Rick McKeney dejó de practicar durante seis meses y en este periodo aprendió Psicología del Deporte.

Una de las cosas que el hacía mal es que cuando practicaba el tiro con arco en competición, su objetivo era siempre el de vencer, el de pasar al rival, y por tanto, se encontraba con el objetivo de hacerlo mejor que el resto de competidores. Aprendió a cambiar su objetivo: a ultrapasar lo que hacían los otros sin centrarse en querer ganarles. Bloqueó este pensamiento en los demás y, ya que era un arquero muy bien preparado, su meta se convirtió en hacer el tiro perfecto, en ejecutarlo de forma perfecta, técnicamente hablando. Rick comenzó a practicar el entrenamiento en habilidades psicológicas, cambiando su objetivo, entrenándose mejor en su tiro perfecto. En aquella época estudiaba Educación Física y decidió volver a la competición. Como consecuencia de los estudios sólo podía entrenarse una hora al día, por tanto las ocho horas diarias las redujo a una. Fue campeón mundial en Japón y batió todos los récords. Practicaba una hora al día, pero aprendió que no necesitaba más práctica física, sino práctica psicológica.

Otro ejemplo lo encontramos en un corredor de medio fondo del equipo de atletismo de la Universidad de Illinois. Se trabajó con un joven que era un corredor muy bueno de la milla. Al principio, al entrar en la universidad, perdió unas cuantas carreras; nunca había perdido carreras en la escuela secundaria y encontró eso muy difícil. Él explicaba que cuando corría y se situaba delante se ponía muy nervioso y tenso, y entonces prefería ponerse más hacia atrás en el 'paquete' y dejar que los otros tomaran la linea delantera. No quería salir delante con ellos porque no corría bien allí; finalmente no podía coger a los que iban delante y perdía la carrera. Al acabar la carrera no se sentía muy cansado físicamente, pero estaba bloqueado mentalmente por correr de aquella forma.

Se entrenó psicológicamente utilizando la práctica imaginada para que se configurara corriendo por delante. Finalmente, fue capaz de sobreponerse a ese bloqueo mental y durante los dos últimos años de su carrera en la universidad ganó casi todas las carreras batiendo muchas marcas.